Todo el mundo se ha sentido así en ocasiones, somos humanos pero a la vez seres sociales. Solemos estar dentro de un montón de grupos y comunidades, practicamente desde que nacemos, y eso hace que vayamos creando vínculos con nuestros semejantes que no siempre son fáciles de llevar. Ese vínculo que va aumentando entre los individuos hace que crezca cierta dependencia, más o menos acusada, que puede hacer al sujeto más feliz cuando la persona querida (sean amigos, familia, pareja, etc) está con nosotros o más infeliz cuando no está o, simplemente, percibe que la presencia de esa persona no es tan acusada como antes.

No siempre dedicamos a los demás el tiempo necesario o no siempre nos dedican el tiempo que nosotros deseamos que nos dediquen. Ahora bien, la pregunta que nos hacemos es si realmente los motivos de ese distanciamiento a la hora de estar juntos es por un motivo real de falta de interés, por parte de uno de los individuos, o bien por necesidad.

Y es que por mucho que hayamos escuchado eso de: ¡no puedo! o ¡no tengo tiempo!. No podemos evitar sentirnos algo mal, cuando realmente deseas estar con esa persona e incluso sabes que necesitas estar a su lado para poder disfrutar más de la vida en sí. Es entonces cuando se crea una especie de relación de dependencia hacia la otra persona, ya que nuestra felicidad y estado de ánimo dependen de ella y del tiempo que nos dedique.

En ocasiones interpretamos que detrás de expresiones como ¡no tengo tiempo!, pueda haber cierta falsedad y entendemos que lo que realmente quieren decirnos es: ¡no se me apetece estar contigo!. Esa reflexión quizás sea real y la otra persona prefiera dar un carácter prioritario a otras cosas u otras personas, antes que a tí (lo cual no necesariamente significa que deje de quererte). Ahora bien, también puede darse el caso de que esta persona diga la verdad y realmente no pueda dedicarte el tiempo que antes te dedicaba, por diversos motivos de fuerza mayor como pueden ser un trabajo o un traslado de residencia, etc.

En ese momento, es cuando la persona tendría que intentar buscar un nuevo rumbo que le permita sentirse bien, sin necesidad de que su satisfacción personal dependa de la otra. Ya que, al fin y al cabo, nuestra independencia se basa en lograr sentirse uno mismo feliz sin necesidad de que tenga que venir otra persona a hacernos sentir así.

Quizás para ello sea importante ampliar nuestro círculo de amistades y buscar gente con la que puedas lograr esos estímulos que te alegren la vida, a la vez que saber desarrollar tu propio espíritu interno con actividades que sean de tu agrado. Cosa siempre complicada, ya que supone unos cambios que o no siempre podemos (o simplemente no queremos) realizar.

Ahora bien, el hacer esto no significa que tengas que dar un adiós definitivo a esos antiguos amigos, ya que cuanto más se tengan pues mucho mejor. Además, los amigos que se tienen desde ya hace más tiempo suelen ser, por lo general, más importantes por razones facilmente entendibles (aunque no siempre es así) y más auténticos. Por cierto, las situaciones cambian constantemente y lo que ahora es un ¡no puedo!, puede convertirse en una respuesta positiva y favorable tiempo después.