Ayer quisimos ir de cutres y decidimos darle a Eurovisión la gala más cutre que se recuerda y muy propia de TVE. Ganó la actuación más deprimente y la gente que, más o menos, se tomaba Eurovisión en serio perdió la partida. España, país de baja cultura musical en lo que al pop se refiere, ha vuelto a demostrar que apuesta por lo cutre amparándose en una supuesta gracia que yo no veo. Lo único salvable, La Casa Azul. Era la opción con más posibilidades y triunfadora moral de los Eurofans. La puesta en escena lo demuestra todo, aunque lo del "menage a trois" entre Boris, Rafaela y Guille podrían haberselo ahorrado. En fin, este año no merece ni que hablemos del festival.