Suele pasar que cuando se hace un trio siempre hay un cuarto, o más de uno, que se siente rechazado.

El Partido Socialista Catalán, Esquerra Republicana de Catalunya e Iniciativa per Catalunya serán los tres partidos que lleven las riendas en los próximos años, en Cataluña. Reeditando el famoso tripartito. Montilla será presidente, Carod vicepresidente y Joan Saura dirigirá el departamento de Interior.

Todo esto ha supuesto un cabreo de los gordos, al que a la postre había sido el partido vencedor en las pasadas elecciones catalanas: CIU.

Eso sí, a los de Artur Mas sólo les puede quedar el recurso del pataleo. Y es que aunque pienses que vas a ganar con mayoría absoluta, nunca sabes si al final tendrás que pactar con el resto de partidos. Así que procura llevarte bien con ellos, no vaya a ser que luego te excluyan.

Y es que, es esa la lección que deberían aprender los "convergentes" (vease que lo pongo entre comillas). Los cuales se han dedicado durante su campaña política a ir eliminando posibles aliados. Primero realizando una especie de acto, en el cual dejan por sentado que de ninguna manera van a pactar con el PP y luego haciendo un video propagandístico, en el que Esquerra y el Partido Socialista Catalán aparecen como lo peor de lo peor.

Total, que las izquierdas nacionalistas y no nacionalistas (aunque el Partido Socialista Catalán, a veces lo parece), se han unido para hacer frente común, otra vez. En un matrimonio a tres bandas mal avenido, que como otros tantos matrimonios, siguen juntos por ser la opción menos mala.

Aunque también es verdad, que los que menos satisfechos pueden quedar sean los ciudadanos de Cataluña. Puesto que hubieran preferido mayoritariamente un gobierno de CIU o una socio-convergencia y ahora, se quedarán con el tripartito. El mismo al que la sociedad catalana, ya había dado suspendido.

Y es que así son las reglas del sistema democrático. Por un lado, tiene cosas malas como que el partido ganador no acabe en el gobierno, lo cual sería lo más lógico. Y por contra otras buenas, como hacer que los políticos se controlen un poco, a la hora de hacer cierto tipo de críticas desaforadas al rival. No vaya a ser, que un buen día tengas que pedirle su ayuda.