De vez en cuando me gusta contar alguna anecdota vital. De todas ellas se aprende algo, supongo.

Y es que en esta vida no se puede ser bueno. Me acuerdo que hace tiempo tenía una ex-novia (que de aquella no era ex).

Ella era bastante celosa y no entendía como yo, no lo era. Un día le dije que si quisiera bailar con otra persona (no estando yo), ella podría hacerlo. Soy de los que piensa que si una persona te quiere poner los cuernos o tú quieres poner los cuernos a tu pareja, es relativamente fácil por mucho que esta otra persona te vigile. Y no me gusta coartar la libertad de nadie, igual que tampoco que coarten la mía. Eso sí, no consiento una infidelidad pero considero que bailar con otra persona no lo es.

Total, que mi ex me cogió la palabra y a los pocos días me dijo que había salido con su hermano y una amiga, y que había bailado con un chico. Por supuesto, me negó que hubiera pasado nada más. Me comentó que el chico era majo, pero que no había habido nada.

Yo, apenas sentí celos ni nada por el estilo. La verdad es que dí su explicación por buena. Eso me valió que se cogiera un soberano rebote conmigo.

La cuestión es que la chica no entendía que si yo la quería, no podía ser que no sintiera un mínimo de celos. O que tuviera una mínima desconfianza hacía lo que me había dicho. Y lo peor.... que ella sintiera celos por un simple comentario que yo había hecho de lo buena que estaba una actriz en el cine (situación, que había pasado unos dios antes) y que yo me quedara impasible ante lo que me había dicho.

Supongo que ella veía esa impasibilidad como un acto de indiferencia hacía ella.

Moraleja: aunque te guste ir de moderno y seas una persona a la que te guste dar libertad. Ata en corto lo suficiente a tu pareja, para que no piense que no la quieres.